¿Qué se les cruzó por la cabeza? ¿Qué les hice para merecer semejante martirio?
Pensar que mi día había empezado tan bien… El silencio y el sol de la mañana formaban la atmósfera ideal para mi descanso del día. Era un momento hermoso en el que aún no se escuchaba el eco de las risas y los juegos de mis pequeños dueños; cuando el suelo no retumbaba con sus corridas y saltos; cuando estaba solo, acurrucado, durmiendo en mi mansión de cuatro pisos. La comida a mano y mis golosinas en el suelo esperaban a que las saboree…
¡Qué vida más bella! Con un gran hogar para mí solo y tanta gente que muere por acariciar mi cabeza, rascar mi pancita blanca y malcriarme con regalitos para roer. Mis días siempre han sido tranquilos y felices. Hasta ahora.
Yo no sé qué se le ha cruzado por la cabeza a la niña más grande, que ya casi no pasa tiempo en casa y solo me tiene en sus brazos de vez en cuando. Quizás se cansó de mí; quizás ya no le gusto porque estoy cambiando el pelo y ya no me veo tan bonito; ¿o será que se cree que me siento solo y me aburro?
¡Qué idea más loca!
Y ahora no sé qué hacer. Llega el intruso por la puerta. Lo trae ella, la peor traidora de todas, en sus brazos, sonriendo estúpidamente. Me agarran como si fuera un simple peluche y me ponen cara a cara con el enemigo: esa bola peluda que lo único que parece saber hacer es temblar como una hoja.
Me duele tanto ver esas actitudes de las pequeñas… Lo miman, lo acarician y suspiran con él. ¿Y yo? ¿Para mí no hay nada? ¿Qué tiene que no tenga yo? Sólo es un bebé con el pelo suavecito y cara bonita. Nada más. Crecerá, cambiará el pelo, engordará y será la chinchilla más fea sobre la tierra. Él no ha vivido más de un año con esta familia. No ha presenciado todas sus comidas, sus alegrías, sus tristezas, sus juegos, sus peleas y tantas cosas hermosas. ¡Él no ha vivido nada con ellos! ¡No se merece aquello que me pertenece por derecho!
Y sin embargo, aquí me quedo yo, medio abandonado, mientras ése se roba toda la atención.
Salto de un lado a otro de la jaula, haciendo mis piruetas, que tanto divertían a las pequeñas. Pero lo único que logro es caer en picada desde la cuarta plataforma de mi jaula hasta el piso de piedritas blancas. Quedo humillado, panza arriba, mirando con dolor la indiferencia de ellos. Giro sobre mí, como cuando me baño, algo que siempre provoca las risas de mi familia. Me trabo un poco y me enderezo graciosamente. Nada. Me acerco a los barrotes y me pongo en una pose adorable. Siguen embobados con él y nadie me presta atención. Lo único que me queda por hacer es agarrar mi cubito de alfalfa con mis pequeñas manos y roerlo, mientras los observo.
Los minutos pasan y la emoción se enfría. La cocina queda vacía. Sólo quedamos él y yo.
Por ahora, estamos en jaulas separadas. A él le ha tocado la más pequeña, mi vieja jaula. Pero sé que no será por mucho tiempo. Poco falta para el momento en el que deba compartir mis dominios con él, cuando la "adaptación" se haya terminado. Ya me lo veo venir. En cuanto le ponga los puntos, mis dueños se enojarán y me regañarán. Me privarán de mis pasas de uva y mis pedacitos de pan. Ya no me rascarán la pancita, sino que tomarán en sus brazos al intruso y lo consolarán. Ya nada quedará para este pobre servidor. Seré el otro, el feo, el viejo, el abandonado…
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Bueno, aquí está mi entrada para el reto de
El objetivo era escribir un monólogo, desde el punto de vista de un animal u objeto.
Digamos que el reto cayó en un momento apropiado. Ayer compré una chinchilla, para que le hiciera compañía a la que ya teníamos desde hacía un año. Obviamente, todos se emocionaron con el nuevo inquilino... Decidí escribir cómo se sentiría el otro, el primero. Aproveché que el hecho estaba fresquito en mi memoria.
Hacía bastante que no me sentaba a escribir y este texto salió de un tirón. Realmente, me divertí mucho escribiéndolo. Quizás esté lejos de lo mejorcito entre mis creaciones, pero lo leo con cariño :3
Mi idea era de darle una personalidad algo infantil, caprichosa y celosa a mi personaje. Las repeticiones y cierto vocabulario están puestos adrede. No quise enredarme mucho con las palabras, salvo en alguna que otra parte, justamente para mostrar un ser que es "grande", pero que aún conserva algo de inmaduro.
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Espero que hayan disfrutado con la lectura
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Nota: A diferencia de lo que cuenta el relato (después de todo, no tengo por qué apegarme a la realidad, ¿no?), nosotros no descuidamos a ninguno de los dos... Tenemos caricias y mimitos para ambos y de sobra